“42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? / 43 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. / 44 En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.”
San Lucas 12:42-44

Un fragmento de la Parábola del Mayordomo Fiel.

Todos queremos ser buenos mayordomos de las cosas de Dios, todos queremos administrar lo mejor posible nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra vida, nuestras iglesias, nuestra sociedad.

Dios nos ha encargado un trabajo, una misión que realizar a cada uno, sea esta pequeña, mediana o grande; puede abarcar quizás solamente nuestro entorno, quizás nuestra casa o tal vez nuestro barrio, nuestra ciudad y quién sabe si el país o el mundo.

A cada uno Dios le ha encargado una mayordomía y en primer lugar la mayordomía de su cuerpo, de su alma, de su mente, de su espíritu. ¡Cuánto necesitamos saber administrar nuestro cuerpo, nuestra salud, qué es lo que consumimos, qué es lo que bebemos, qué es lo que respiramos, hacia dónde vamos y hacia dónde no debemos ir!

Aquí la Palabra del Señor nos dice ¿Quién…? Es una pregunta. “¿Quién es el mayordomo fiel y prudente…” Dos virtudes importantísimas que el Señor quiere que nosotros desarrollemos: la fidelidad y la prudencia.

Fidelidad, una palabra interesante, una palabra que significa firmeza y constancia en los compromisos que adquirimos con nosotros mismos, con los demás y también con Dios. Ser fieles en el matrimonio, ser fieles como padres, como trabajadores, ser fieles a nuestra labor, ser fieles a la nación como ciudadanos y por supuesto ser fieles a Dios, quien es tan Fiel con nosotros.

Y lo otro que nos dice es la prudencia. ¿Qué es prudencia? Es prevenir los riesgos para no perjudicarse ni perjudicar a otros.

Ser prudentes ante cualquier circunstancia de la vida: en lo que hablamos, ser prudentes en las decisiones que tomamos, en lo que escribimos; ser prudentes en todas las cosas y eso es una característica de un buen mayordomo, de un buen administrador, administrador de cosas, de personas, pero por sobre todo de su propia vida.

“¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? / Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.”

El Señor vendrá en algún momento como Él lo prometió. Volverá a esta Tierra, pero para cada uno quizás Dios pueda volver en cualquier momento.

En cualquier situación podríamos perder la vida y ser nuestra venida de Dios, nuestro encuentro con el Señor. Y qué bueno sería que en todo momento pudiésemos estar cumpliendo con nuestra mayordomía. “Haciendo así” dice la Palabra.

“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”, le halle fiel y prudente. Es lo que la Palabra del Señor nos aconseja: Un mayordomo que es capaz de cumplir su cometido. Eso es lo que Dios nos pide en este día.

El último versículo, el verso 44 de este fragmento, porque la parábola es larga. Ustedes la pueden leer y analizar en casa, en familia, es muy interesante. El versículo 44 dice: “En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.”

Usted si tiene un empleado, una persona a cargo y le da un trabajo, una misión, y esa persona lo cumple a medias ¿Lo responsabilizará de algo mayor? ¿Confiará en aquel? No, ¿no es cierto? Pues lo mismo pasa con Dios.

Él nos ha encargado una misión: Cuidar de nuestra familia, de nuestro cónyuge, de la relación de amor que hay entre ambos, cumplir un trabajo como estudiante o ya en la labor profesional. Nos encarga Dios.

También puede ser algo dentro de la Iglesia, una tarea, una responsabilidad. Pues, tenemos que cumplirla con fidelidad y con prudencia, como Él nos indica en Su Palabra.

¿Confiará Dios en alguien que no es fiel del todo y que no es prudente? Obviamente no le va a encargar tareas mayores. En otro texto dice: “En lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré”.

Cuidémonos de ser fieles aún en los detalles mínimos, para que el Señor nos premie dándonos algo más. Un día tendremos que dar cuenta ante Él en los cielos y serán pesadas nuestras obras y Dios nos podrá en algún aspecto decir: Allí estuviste mal, no lo hiciste bien.

No nos va a condenar para eternidad, pero no me gustaría pasar una vergüenza tal delante del Señor y prefiero… Preferimos ¿no es cierto? vivir lo más correctamente posible en esta Tierra siendo fieles y prudentes, siendo buenos mayordomos con la obra –pequeña o grande, no importa– el trabajo que el Señor nos ha encargado.

Por 3dyx6

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